Desde que tengo memoria, me he refugiado en las historias. En aquellas novelas que hablaban de amores imposibles, cartas no enviadas y mujeres que desafiaban las normas de su época.
Leer fue, durante años, mi manera de entender el mundo. Pero un día, esa necesidad de leer se transformó en algo más profundo: el deseo de escribir. Soy Maryory Egleed, y esta es la historia de cómo pasé de ser una lectora apasionada a convertirme en escritora publicada.
1. El inicio de todo, la lectura como refugio
Mis primeras lecturas fueron novelas románticas que me dejaban el corazón latiendo fuerte al cerrar la última página. Jane Austen, Lisa Kleypas, Julia Quinn… Ellas me enseñaron que una buena historia no sólo entretiene, sino que deja huella.
Las mujeres de sus libros me inspiraban, porque aunque vivían en otros tiempos, sus emociones eran tan reales como las mías.
Con los años, empecé a releer y a subrayar frases. A imaginar qué habría pasado si la protagonista hubiese elegido otro camino. Y sin darme cuenta, mi mente ya no solo consumía historias: quería crearlas.
Conóceme más allá de las páginas. Descubre cómo pasé de lectora apasionada a escritora de historias que buscan emocionar.
2. El miedo de empezar (y la valentía de continuar)
El salto de lectora a escritora no fue fácil. Durante mucho tiempo, escribía en silencio, como quien guarda un secreto precioso. Tenía ideas, borradores, escenas sueltas. Pero también tenía miedo: ¿y si nadie lo leía? ¿Y si no era suficiente?
Un día entendí que ese miedo era parte del camino. Que toda historia merece ser contada, incluso si comienza con dudas. Decidí escribir sin pensar en el resultado, solo en la necesidad de dar voz a una mujer que pedía nacer en el papel: Amy.
3. Nace Las Magnolias de Amy
Las Magnolias de Amy es mi primera novela, y también mi primera declaración como escritora. Ambientada en el siglo XIX, cuenta la historia de una mujer que ama, que lucha y que no está dispuesta a renunciar a sí misma por encajar.
Cada capítulo fue escrito con el corazón en la mano. Investigando la época, escuchando música que me transportara, conectando con lectoras que, como yo, aman las emociones intensas y los personajes que no se rinden.
Publicar esta historia ha sido una de las experiencias más transformadoras de mi vida. No solo por ver mi nombre en una portada, sino por recibir mensajes de mujeres que se han sentido reflejadas en Amy. Eso, para mí, es el verdadero éxito de una escritora.
Si todavía no has leído Las Magnolias de Amy, te invito a descubrir una historia que nace desde lo más profundo.
4. Escribir no es un destino, es un viaje
A veces me preguntan si me considero una autora o una escritora. Y siempre respondo lo mismo: escribir es parte de quién soy. No es solo lo que hago, sino lo que necesito para estar en paz conmigo misma.
Ser parte de este mundo literario me ha permitido conocer otras voces, otras historias, otras pasiones. Y me emociona pensar que esto apenas comienza. Porque Las Magnolias de Amy es solo la primera flor de un jardín que espero seguir cultivando.
5. Maryory Egleed, una voz que quiere seguir creciendo
Como escritora, mi compromiso es con la verdad emocional. Con esas historias que nos atraviesan, que nos hacen llorar y sonreír al mismo tiempo. Con esas mujeres que aman con fuerza, que caen y se levantan, que se niegan a callar su voz.
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